Musicalia.


Bob Dylan - Beyond here lies nothing.

viernes 20 de noviembre de 2009

Coleccionando horizontes.



Los horizontes son gemelos o mellizos (incluso las dos cosas a la vez) en cuanto te atrapan desde una ventana abierta. Con sol, nubes, lluvia, mientras se fuma despacio o se bebe saboreando, cuando se permite uno el excesivo lujo de pedirle también permiso a la escritura, se consigue ver sin mirar.

Será por esa costumbre (descubierta con sorpresa, de tan obvia, hace muy, muy poco) heredada de mi padre, que se pierde en su conciencia, su memoria y esa cabeza suya tan llena de ideas y tan bien administrada por el sentido común, será por eso, que he aprendido a coleccionar paisajes de ciudades y desiertos, y también a recorrerlos otra vez de memoria.

Pueden ser antenas parabólicas conjugadas con tejados enmohecidos, o coloridas sábanas tendidas en patios, o el socorrido recurso del triciclo descolorido por el sol que se moja, huérfano, a la intemperie entre las hojas muertas. Puede venir del minúsculo detalle del salón a través de una ventana abierta por descuido, del descubrimiento de vida al otro lado de los ladrillos. Esa vida que resulta tan irreal cuando se observan los edificios quietos desde la calle, y se siente un segundo la descabellada curiosidad por saber si allí hay alguien igual, o una familia similar, o unos amigos idénticos, o cualquier cosa que sea familiar. Puede ser cualquier luz, o ninguna, la que te hagan darte cuenta de que en parte tu también estás en todos los horizontes, o en ninguno, conectándolo todo para encontrar otra vez, en otro sitio, un pedacito de hogar. Y de cariño.

Volviendo a coleccionar horizontes en cuadernos de escribir, como si nunca antes a nadie se le no hubiera ocurrido hacerlo, con las ideas tan arremolinadas en la cabeza que aturde el no poder darles una salida íntegra y universal, como una sola pieza que por fin encaja. Así es como debe ser. Vivir alimentando ese hambre de horizontes, ambicionando cada detalle y atesorándolo con celosa avaricia, como si en realidad fuesen tuyos sólo mientras notas que los estás perdiendo, que se te escurren entre los dedos como polvo de huesos y arena.

Ahora entiendo por qué de viaje, en casa, de paso por cualquier parte, mi padre siempre acaba encontrándose una ventana abierta para ver el exterior. Y ya no oye, ni existe nada más que lo que hay fuera durante un minuto. Y es durante ese minuto cuando se marcha, cuando se pasea por, ahora lo entiendo, un montón de lugares comunes.




martes 17 de noviembre de 2009

El Retrato de Dorian Gray.

- (...) Veo que se rie. ¡Es atroz en usted!

-No me río, Dorian; al menos no me río de usted. Pero no debe usted decir la aventura romántica más magnífica de su vida. Debe usted decir la primera aventura romántica de su vida. Siempre será usted amado, y siempre estará usted enamorado del amor. Una gran pasión es el privilegio de la gente que no tiene nada que hacer. Es la única ocupación de las clases ociosas de un país. No tema. Le aguardan cosas exquisitas. Esto únicamente es el comienzo.

-¿Cree usted mi naturaleza tan superficial? -exclamó Dorian Gray, irritado.

-No; la creo muy profunda.

-¿Qué quiere usted decir?

-Mi querido amigo: los que no aman más que una vez en su vida son los verdaderamente superficiales. Lo que ellos llaman su lealtad y su fidelidad lo llamo yo sopor de la costumbre o falta de imaginación en ellos. La fidelidad es a la vida emocional lo que la estabilidad es a la vida intelectual: una simple confesión de fracasos. ¡La fidelidad! Algún día la analizaré. La pasión de la propiedad se halla en ella. Hay muchas cosas que abandonaríamos si no temiéramos que otros pudiesen recogerlas. Pero no quiero interrumpirle a usted. Continúe su relato.



martes 10 de noviembre de 2009

Moonlight words (II)


La luna estaba allí arriba, inmensa, luminosa y perfecta, dando la claridad necesaria para que no hubiese objetos extraños alrededor. El ambiente era el deseado, era todo por lo que había merecido la pena esperar. Maletero abierto, algunas cervezas vacías alrededor (la mitad de ellas, sin alcohol) y la música que suena dentro, sin molestar, sin armar revuelo, sin perturbar la calma, dejando que también llegue nítido el sonido de las copas de los árboles, acariciándose entre sí. Y cerca, más cerca, sólo se oyen susurros, risas y algún indignado juramento. La conversación va, viene, vuela, toca tierra, vuelve y se aleja. Es mágica y tranquilizadora como el sonido de las olas del mar.

Una reflexión llega al punto de no retorno. De pronto el discurso discurre ajeno a los labios que le dan vida, perdido, siguiendo sólo el surco que le ha marcado el pensamiento, sin barreras que impidan reflejar con palabras lo que es, lo que siente, lo que necesita. Va, viene, vuela, toca tierra. Vuelve y se aleja. Se deja embriagar.

Sin pensar, dejando que todo fluyera, continuando naturalmente el hilo de sus pensamientos, dándole conclusión a todo un maremágnum de líneas y huellas, con los ojos muy abiertos, de par en par, pregunta. ¿Cómo es posible que seamos capaces de engañarnos tanto, y que encima nos guste? Hubo tres minutos de silencio, en los que cada cual se sumió en su propio mundo. No se veían la cara. Una encajada en el maletero, cerveza entre las rodillas, mirando las estrellas.
Otra, terminando de atender la llamada de la Naturaleza, había recogido una a una las palabras que se habían perdido en la noche. Callada, con los últimos segundos de silencio en sus manos, consciente y lúcida de pronto, terminó de vestirse, colocando cada pliegue de ropa en su sitio, esforzándose en no dejar fisuras por las que penetrara el frío helado de la noche.

-Le has dao'-dice, silencio-. Eso es -se encoje de hombros y, aún pensativa, bebe un largo trago de cerveza hasta que se le termina.

Y su amiga, cerveza entre las piernas, encajada en el maletero, con los pies colgando y mirando hacia abajo, permanecía trabada en el nudo que se había formado a su alrededor. Cuando se sentó junto a ella, le pasó otra cerveza.

-Tienes que escribir esto -dijo cogiendo un cigarro.

-Lo sé -silencio-, pero he de encontrar una forma elegante de contar que filosofábamos en mitad de la nada, en mitad de la noche, y llegamos a la conclusión mientras te subías las bragas, bombón.


jueves 5 de noviembre de 2009

Madrid (IV)

Nota: Para compensar el abandono, esta entrada va a ser laaaaaaaaaaaaaaaaaarga larga. Yo aviso.

Lo que pasa es que Todo es muy grande, alrededor hay un montón de cosas, el paisaje es rico en detalles, aromas y sabores, el camino es muy largo y se cruza con muchos (¡tantos!) otros. Ese es el punto de partida y la conclusión, el dos por el precio de uno que tiene en vilo tantas mentes, despistando a un montón de mortales porque un concepto inabarcable trata de ser comprendido.

Un misterio.

Hablando un poco de todo, sigo con mi incansable (y de momento infructuosa) búsqueda de vivienda compartida. No es por nada, pero Madrid es tope grande y, como se presupone, hay un montón de gente. El martes por la mañana, sin ir más lejos, mi tía me acompañó a ver uno que tenía una pinta estupenda. Décima planta, piso soleado, tropecientos metros cuadrados, al ladito del metro, un barrio decentillo y 350, gastos aparte. El portal me encantó, buenos días, vecinos recogiendo correo, buenos días a usted también.

Baja el casero. Metro ochenta, recién sacado de la España de los 50, bigotillo y patillas, nos da la mano. Dos segundos después, la vecina de los buenos días sale detrás de él. La tipa empieza a llamarle sinvergüenza, cutre y mal vecino así, como a mí me dio los buenos días, y le recuerda que tiene una gotera dando por saco desde hace casi dos meses. Quiere el número del seguro de una vez, o aquí llueven querellas judiciales como que me llamo Pilarín. Mi tía y yo nos miramos, no lo vamos a negar, como si el mismísimo Calvo de la lotería (en búsqueda y captura desde hace ya tres años) hubiese escupido números ante nuestros atónitos ojos. El casero no arqueó una ceja. Qué planta, el tío. Yo lo estaba pasando fatal porque se me iba a escapar la carcajada de un momento a otro, y sálveme el Cielo al afirmar que la tal Pilarín, así como estaba hecha La Gran Ballena Blanca, acojonaba lo suyo.

Intentamos subir al ascensor, Pilarín detrás dale que te pego a la manivela. Pude ver, mientras la puerta iba cerrándose, cómo intentaba aprovechar al máximo los escasos momentos que tenía para recordarle al señor éste que su madre sigue a jornada completa en el prostíbulo. Con el último clic, el silencio cayó como una manta de plomo.

-Es que, esta mujer... -comenzó tranquilamente el bigotillo- está enferma psiquiátrica.

Claro, pensé yo, no queda nada bien decir "me llama hijoputa porque soy un hijoputa....". Y léase aquí con el concepto de Reverte, hijoputa como mierdecilla de medio pelo, hijo de puta (con todas las sílabas bien pronunciadas) para los que se entrenan diariamente para ser los mejores en el oficio). Ahorro los detalles. Aparte de que no me apetecía vivir encima de una loca o tener de casero a un cutre mal vecino, el piso era una mierdaca y el tío todavía me suelta que de visitas de amigos, nada de nada. Si acaso familiares. Y punto. Pues nada, carril. Aire.

Ayer miércoles fui a ver otro piso. No prometía nada en especial, pero siempre pienso que detrás de cada anuncio puede que esté El Pisazo De Mis Sueños, así que no desisto. Llegué 15 minutos tarde porque el metro estaba imposible, pero en cualquier caso me abrió un sonriente melenudo de gris cabellera más majo que las pesetas. Me enseñó el piso. No me convenció por muchos motivos, todos sobre espacio, prestaciones y mobiliario de la habitación. Anyway, pasamos al salón (hasta los topes de libros, libros sobre libros, y cuadros, y mapas, y fumaba en pipa, y sonreía con los ojos al hablar) y empezamos a hablar de las condiciones de la fianza y demás. Y hablamos, hablamos, hablamos, hablamos, hablamos. Dos horas y media después, tras haberle pegado un repaso a todo lo que había en mi cabeza sobre literatura, fotografía, Dios, filosofía, música, viajes proyectados o ya realizados, la Teoría De Las Cuerdas (¡flipa!), avances tecnológicos, avances médicos, sociedad, política, Dios otra vez, botánica (aquí sólo escuché) y un montón de cosas de las que ya no me acuerdo, me di cuenta de que el Tiempo es una percepción tan irreal y efímera como el resto de las cosas que conforman el Universo (desde los átomos hasta los elefantes, pasando por la tortilla de patata).

Por eso digo, que lo que pasa es que Todo es muy grande, alrededor hay un montón de cosas, el paisaje es rico en detalles, aromas y sabores, el camino es muy largo y se cruza con muchos (¡tantos!) otros. Ese es el punto de partida y la conclusión, el dos por el precio de uno que tiene en vilo tantas mentes, despistando a un montón de mortales porque un concepto inabarcable trata de ser comprendido.

Un misterio, vaya.

viernes 23 de octubre de 2009

Zero 7 - Destiny


I lie awake. I've gone to ground... I'm watching porn in my hotel dressing gown. Now I dream of you, but I still believe there's only enough for one in this lonely hotel suite. The journey's long, and it feels so bad... I'm thinking back to the last day we had. Old moon fades into the new, soon I know I'll be back with you. I'm nearly with you.
I'm nearly with you.

When I'm weak I draw strength from you, and when you're lost I know how to change your mood... and when I'm down you breathe life over me. Even though we're miles apart we are each other's destiny.

On a clear day, I'll fly home to you. I'm bending time getting back to you. Old moon fades into the new, soon I know I'll be back with you. I'm nearly with you.

I'm nearly with you.

domingo 27 de septiembre de 2009

La mañana Coca-Cola.

Un céntimo por cada vez que me he sentido así...




Simplicidad universal.



Y, de mis favoritos, porque la vida es como te la tomas.









sábado 19 de septiembre de 2009

Un viaje de cuatro sílabas.


No es nuevo, todo gira, todo fluye, todo pasa. Pero maldita la gracia. Nos contaron el cuento. Nos lo comimos con patatitas, ñam, qué ricas. Una de las generaciones más preparadas que se va a tomar por culo sin que a nadie le de tiempo a decir "no, si el año que viene seguro que las cosas cambian". Igual que todos los años, vaya.

La cabeza, que va a su aire, no deja de escurrise en por qué está bien esto y no lo otro, quién nos contó el cuento hasta que lo creímos, hasta que me quedé del todo dormidita, con mi camisita, mi canesú y mi gorro de burro, viviendo la duda sistemática, preguntándome quién es capaz de hablar con las promesas que no se cumplen, en plan serio, de tú a tú, sin pestañeos, ya que parece que a Caperucita y su abuelita, en realidad, se las cepilló el lobo. Que tampoco pasa nada, oiga, pero nos hubiéramos ahorrado el mal rato, aunque a veces no seamos conscientes de las bolas que nosotros solitos nos llegamos a creer. Y ahí sigue, incansable, dale que te pego con la cantinela, que si dónde está la ternura, qué haces tú por estos lares, por qué te empeñaste en ir tan lejos y mirar tan alto, y dónde está ese sueño, esa pieza que hacía que todo encajara a la perfección. En fin, y eso.

A veces te dan ganas de escupir al cielo y lanzar un sonoro "a-la-mier-da" en mitad de la nada con una cerveza en la mano, y ser muy chunga, y muy dura, y de lo peorcito que hay. Pero mira, no te engañes, porque el anzuelo te lo guisaste y te lo comiste sin ayuda ni obligación, exactamente igual que millones de parias antes. Así que, bueno, para la próxima, una cosa más que sabes. Porque cuando escupas lo más probable es que te dé en la frente.

Y ya te digo, que no pasa nada, que todo sigue girando, y dando vueltas, y los chinos, sin hacer ruido, siguen abriendo tiendas como si tal cosa.

viernes 18 de septiembre de 2009

Lo. Li. Ta.


1

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta.

Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, cuando estaba derecha, con su metro cuarenta y ocho de estatura, sobre un pie enfundado en un calcetín. Era Lola cuando llevaba puestos los pantalones.
Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos siempre fue Lolita.

(...) Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que los serafines, los mal informados e ingenuos serafines de majestuosas alas, envidiaron. Contemplen esta maraña de espinas.

lunes 14 de septiembre de 2009

¿Cuánto aguanta un corazón?

Nota: El vídeo es sólo para quien haya visto o no tenga intención de ver Habana Blues (cosa que, realmente, me parece una bobada muy, muy grande). La letra, claro, para todo el que tenga oídos y tres minutos disponibles (¡que lo mismo no hay tanta gente!).







miércoles 19 de agosto de 2009

Madrid (II)

-Buenas tardes (súper sonrisa).
-Buenas tardes (sonrisa).Quiero un café americano...
-...pequeño, frío y con vainilla. ¡Como esta mañana!

No voy a negar que me hizo mucha gracia. Ver la cara que puso, en plan "¡estoy haciendo bien mi trabajo!" Me contagió el buen humor. Además, tampoco podía quejarme de mi mañana, había conseguido recordar aquello de la luz ambiental, la calibración del monitor y los perfiles ICC. Y había conseguido vectorizar al Correcaminos antes de que al Coyote le diera tiempo a decir "os he dicho mil veces que sólo se guardan las cosas importantes, el Correcaminos no se salva".

Con el café en la mano (Marta Sin Miedo y El Plimo Dalío se habían hecho fuertes con la leche fría con canela) nos sentamos en los sofás morados. No nos gusta ese sitio (de hecho, no es nuestro sitio) porque hay poco espacio y uno de los tres tiene que sentarse en la mesa contigua. Siempre suele ser Marta Sin Miedo, que encima aprovecha para fustigar mi conciencia poniéndose a pasar apuntes.

Cuando el chico rubio que ocupaba nuestro sitio se marchó, lo siguiente que recuerdo es que estaba descalza, sentada como si quisiera alcanzar el Zen, en el sillón de brazos de horrible estampado. Es el más cómodo, claro. Marta Sin Miedo recordó el día (el miércoles pasado, en realidad) en el que casi mata a un cochinillo de un cabezazo en mitad del metro. Un motorista derrapó al final de Gran Vía. El Plimo Dalío se había quemado este finde en la piscina. Sheldon Cooper es el puto amo. Lily y Marshal, también. El rubio se había dejado el café entero. ¿Héroes? Ni idea, me quedé en la segunda. Se esboza una realidad paralela en la que el cochinillo pinta el baño de color rojo (pantone 185). Termino llorando de la risa.

De vuelta a la realidad, consigo entender aquello relacionado con el comando getBytesLoaded. De paso me acuerdo de mi primera clase de Flash: "¡Ahá! Así que los banners no funcionan con magia...". Y de la tarde ayer: "¡Está vivo! ¡VÍVO! Reproductorsara.flv... ¡TIENE VIIIIDA! ¡Muahahaha!"

El metro empieza a llenarse de gente. Desparramada más de la mitad del mes, quienes vacacionaron alegremente la primera quincena, vuelven a sus rutinas. Y a la mía. De pronto se está llenado todo de gente morena (dammit!). Pero a mi plín.

Yo he aprendido a matar una mariposa de un tiro =)